Intentar volver al pasado
es como un sueño
cuando quiere ser recordado,
se va escapando entre más te esfuerzas
por describirlo;
aún más, si deseas contárselo a un tercero.
Pero…
deambula en mi mente
ese juguete
icónico en su tiempo;
ese juguete
capaz de crear amigos en segundos;
ese juguete
coleccionista de momentos
con nuestros padres y hermanos;
ese juguete
que evoca el olor a madera
cuando manos artesanales lo seducen,
o el hedor de hierro
cuando pincha con exactitud otro trompo;
ese juguete
que mi papá me enseñó a crearlo
desde cero y con esfuerzo;
ese juguete
fidedigno compañero de travesuras,
como aquel castigo maternal
por quebrar la colita a ese objeto,
al caballito
de porcelana, blanco y negro,
ubicado en la sala de estar
para embellecer la humilde choza.
Ahora sobrevive con heridas
y cicatrices de silicona,
sin colita y con la cabeza en añadidura.
Comments